Las calles están solas, pues todavía es muy de mañana. Por la ventana del microbús puedo ver a las personas apresuradas hacia sus trabajos, acelerando sus carros una y otra vez porque
para variar se les ha hecho tarde. Después de pelear con el microbusero, que les arrebató el derecho de carril, se desvían hacia otra dirección.Después de observar este pleito cotidiano vuelvo mi mirada hacia adentro del micro y en específico veo al que va a mi lado; no me dan ganas de saludarlo porque ya su cara me insinúa que no es un buen día para él y que le espera una larga jornada. Más adelante, va una señora que comenta en voz alta lo dura que está la vida después de que el cobrador le pidió su pasaje, hay más vallas publicitarias que señales de tránsito y los centros comerciales están inundados de personas, como siempre… Lo raro es que mientras más difícil está la situación, más consumistas son estamos volviendo.
Que vida tan
rutinaria la que tenemos… ¿Será que hemos perdido nuestro lado humano y solo vivimos por vivir? , o es que a caso lo difícil de la situación nos ha hecho resignarnos y solo esperar nuestro fin. Suena trágico pero así es. Pareciera que nadie hace el intento por buscar una solución y solo estamos cabizbajos esperando nuestra sentencia frente a este sistema que nos aturde cada vez más.Franz Kafka, escribe “En la colonia penitenciaria”, obra en la que se puede hacer una interpretación en función de claves interpretativas para entender esta sociedad moderna. En ese sentido se puede hacer una comparación muy clara con la situación actual de nuestro país. Franz en su obra menciona tres elementos importantes: La máquina, la sumisión del condenado y la condena.
La máquina puede interpretarse como el sistema en sí. Este sistema es construido como un sistema inofensivo y fácil de controlar; sin embargo cuando se pone en a funcionar se sale de control y causa un caos completo. La sumisión del condenado puede interpretarse como nosotros mismos que ni siquiera sabemos que estamos dentro de ese sistema y cuando nos damos cuenta nos quedamos resignados porque deducimos que no hay otra salida; la condena es interpretada como la imposición de ese destino que si no es cumplido por nosotros nos condena a la muerte.
En definitiva, lo que quiero decir con esta interpretación es que nosotros sin siquiera saberlo estamos dentro de un sistema que ya nos ha condenado sin preguntarnos si queríamos estar dentro. Un sistema que nos amenaza con eliminarnos si no le obedecemos… Entonces yo les pregunto, ¿habrá siquiera un poco de libertad?
No hay comentarios:
Publicar un comentario